Una finita sucesión de mañanas continuas, algo hace distinta a una de las otras aunque a veces se sientan iguales, para esta hora mañana tendré que estar en perfecto enlace y forma laboral, para mi será divertido.
No se que puedo y que no puedo hacer, lo voy descubriendo mientras sigo intentando y antes de que muera, algunas cosas mejoran, mejoran un poco, un tanto, cambian.
El cambio no siempre es destructivo aunque en definitiva siempre es extraño.
Mi capacidad de escribir continuamente a diferencia de mis otras habilidades de creación audiovisual parecen haber disminuido...
Es una mañana de marzo del 2004, mi compañero y yo nos desplazamos a través de la linea verde más allá de las zonas de seguridad que otrora pude elaborar, cuando bajamos en Zapata -un Zapata condenado a desaparecer en medio de incontables cambios- el reloj marca las 11:20, el extraño horario escolar a mi me permite haber cumplido con mis clases y estar ahora explorando la inmensa ciudad en un soleado día, mi amigo por otro lado se salto un par de clases con el propósito de intervenir en mi viaje y convertir mi búsqueda de comics en una misión de mensajería romántica.
Él es bueno calculando los tiempos, no se si ambos nos llevamos bien en parte por ello o sí en cierto sentido he aprendido en 3 años de sus extrañas obsesiones y lo he convertido en parte de mi, me acompaña a la tienda de comics sabiendo que estamos matando tiempo para la ejecución de sus proyectos, mientras que para mi aquel incomodo y extraño momento es la única parte que disfrutaré verdaderamente de toda nuestra jornada.
La luz del sol se filtra por las ventanas altas, las cajas y las paredes hacen que el lugar siempre tenga una extraña tonalidad amarilla...todo se desvanecera.
A un tiempo el tiempo correrá en exceso veloz y la diferencia entre un año y otro se volverá harto borrosa.
A un tiempo, no al debido, solo de pronto. Solo de pronto.
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