lunes, 25 de enero de 2010

The battle

Una nube de polvo se levanto rodeando la embestida de la caballeria, era dificil ver donde estaban las puntas de las lanzas, pero del mismo modo los caballeros hallaban dificil encontrar blancos delicados.

Un caos reinaba en aquella verde pradera manchada de rojo.

Los gritos lejanos, las suplicas, el llanto. Apenas había tiempo para ellos. Solo había tiempo para los borrosos contornos dentro de la nube de polvo.

Las javalinas empezaron a zurcar el viento, el agudo sonido de su vuelo se veía casi siempre eclipsado por el duro choque contra el metal o la carne. El grito de un hombre, el llanto de un corcel y en ocasiones el duro golpe de un bulto contra el piso.

Espadas firmes en las manos de la infanteria, pero mas firmes aun los escudos protegiendo escasamente el cuerpo de los guerreros.

Y la caballeria aun avanzaba en medio de la nube de polvo muerte.

Alguno entre la primera fila se atrevío a mirar hacia atras buscando los arqueros que podían librar de aquel predicamento, pero no vio a los arqueros, solo polvo.

Pronto un sentimiento empezo a colarse en los petos de todo el escuadrón. La muerte era mejor que los segundos de vida en incertidumbre. Y si no la muerte entonces la gloria.

Pronto avanzaron corriendo hacia aquel tornado de suciedad, caballos y metal torcido.

Algunos con mas entereza, otros intentando flanquear para provocar mayor eficacia en su ataque.

Desde el lomo de los enormes corceles apenas y se notaban las sombras acercandose, dando vuelta, era tarde para desbandar la carga de caballeria.

Y entonces el metal choco contra la carne, contra el metal, contra el cuero y la tierra. El polvo se agito para luego empezar a descender.

Los cuerpos cayeron, pesados bultos de poco uso. Las armas se desquebrajaron, las espadas silbaron orgullosas antes de hacerse añicos, y las lanzas chillaron al quebrarse de las puntas.

Algunos jinetes bravos saltaron hacia el enemigo con dagas.

Algunos perecieron bajo el peso de sus corceles.

No falto la espada que corto una mano amiga.

Y cuando hubo terminado, el llanto y los gritos quedaron en el viento mientras el polvo bajo de nuevo a reposar ensangrentado.

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