Los fuegos ya no brillaron mas
Se apagaron en el momento de mayor esplendor
Y no volvieron ya
Solo los ruidos de las espadas
De las flechas silbando provenientes de pequeños arcos de tejo.
Le habian hallado y ahora le daban muerte
Como a todo aquel que traspasara las lineas sagradas del Polo Norte
Sus restos alimentaron el fuego un rato
Fuego que no veia
Fuego que solo al principío sintió.
El resultado fue un hermoso patito de hule.
Con el nombre de su hermana en la tarjeta de destinatario.
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